Nos llega la triste noticia del próximo cierre de uno de los establecimientos emblemáticos de la ciudad de Salamanca. La librería ‘La Galatea’ finaliza su aventura y nos deja un jirón en el alma cultural y vital de la ciudad. Ubicada en la calle Libreros, la de las librerías e imprentas, situada junto a las Escuelas Mayores y Menores de la Universidad, rodeada de instituciones culturales como la biblioteca de la Facultad de Traducción y Documentación, la Biblioteca Histórica y la Biblioteca Santa María de los Ángeles, las tres pertenecientes a la Universidad. Una librería ‘de viejo’, un lugar entrañable y mítico que no ha soportado la fiebrer inmobiliaria que vuelve a poner en un brete a la población más necesitada y al comercio local.

Nacida en 1996, estaba especializada en la compra y venta de libros antiguos originales de los siglos XVI al XIX, primeras ediciones de literatura del S. XX, libros dedicados, documentos antiguos, manuscritos y cartas autógrafas. También dispone de un fondo selecto de libros esenciales de historia, filosofía, humanidades, ensayo, política, artes y ciencias del S. XX; realiza tasaciones certificadas y asesora a sus clientes en la formación de sus bibliotecas. Pertenece a la Liga Internacional de Libreros Anticuarios (ILAB) y a la Asociación Ibérica de Librerías Anticuarias (AILA) de España, bajo cuyos códigos éticos actúa. Su labor seguirá, de alguna manera continuará, con la ayudas de todos y todas, que de momento estamos convocados a hacer fotos del inolvidable local.

La responsable de ‘La Galatea’, Begoña Ripoll, ha comunicado la mala nueva con este texto que reproducimos en Diario 24 Emprende:

LA PASCUA TRISTE

“La Pascua triste” me pareció siempre un título precioso, la tercera parte de la maravillosa trilogía narrativa (Los gozos y las sombras) de Gonzalo Torrente Ballester, un escritor fantástico. Y es perfecto para lo que quiero contaros, porque hoy empieza el marzo más triste de mi vida y la Pascua más espantosa que una librera pueda imaginar…

Hace apenas once días recogí una carta certificada de parte de la propiedad de la calle Libreros, nº 28, donde se me comunicaba oficialmente que el emblemático edificio donde está mi Galatea ha sido vendido y que – todo muy legal, por supuesto – debía desocuparlo en apenas dos meses. Exactamente el próximo 10 de abril. Perdón, quizás el 13, no estoy para muchas exactitudes…

Así que, no me queda más remedio, tendré que «liquidar» los fondos de La Galatea en apenas cuatro semanas, porque – y bien lo comprenderéis los que conozcáis el local – me es imposible retirar de golpe los miles de libros (antiguos y modernos), discos de vinilo, carteles, grabados, cromos, exlibris, cuadros… por no hablar de los muebles, estanterías, mesitas, cajitas antiguas, postales, lámparas, y demás mobiliario y «trastitos» varios de decoración que han ido entrando en la librería en los últimos quince años.

Llevo toda esta semana intentando hacer listas de tareas, llamadas, planificando una «liquidación» (ordenada???) sin entrar en pánico ni ponerme a llorar. Y curiosamente la impresión brutal de saber que mi librería desaparecerá en apenas un mes me está vacunando temporalmente contra cualquier atisbo de emoción, pesadumbre, desconsuelo…

Todo el mundo recibe la noticia con incredulidad, espanto, y decenas de preguntas: «¿Pero, y te tienes que ir así sin más?»; «¿Qué harás con todo lo que hay ahí?»; «¿Abrirás La Galatea en otro sitio, verdad?»; «¿Qué necesitas? ¿Te puedo ayudar con…?»

Como digo: debo estar en shock y no lo sé. O tal vez, me interrogo, es una absurda pesadilla y, cuando despierte, como diría Monterroso, el dinosaurio ya no estará allí. Pero sí, es real, horrible, y – exceptuando la salud de la gente que quieres – la peor noticia del mundo…

La vida es solo lo que pasa mientras una librera anticuaria vive feliz rodeada de libros. Hace apenas un mes estaba comprando una nueva biblioteca y metiendo cajas en la calle Libreros. Ahora me resta exactamente un mes para empaquetar y trasladarme a…?

Me gustaría estar más inspirada para lanzar oficialmente esta campaña de «liquidación por desalojo», pero no será hoy. Siempre imaginé tontamente que envejecería en mi Galatea. No sé; me veía con ochenta años y el pelo blanco explicando un incunable o las míticas colecciones de Aguilar a futuras generaciones de lectores o aprendices de bibliófilos. He disfrutado muchísimo contando la intrahistoria de los libros: cómo se fabricaba el papel, por qué se editó tal obra, qué importancia tenían los mapas en el siglo XVI, cuándo una primera edición no sólo era preciosa sino también excepcional… Mi vida como librera anticuaria ha resultado tan dichosa…

Ha sido un auténtico privilegio trabajar rodeada de libros. Me gustan todos: antiguos, modernos, ilustrados, técnicos, anotados, biográficos, infantiles, enciclopédicos, raros, curiosos… Todos. Desde adolescente quise ser librera y lo he logrado exactamente 28 años y unos cuantos meses. Nunca hubiera cerrado mi Galatea si hubiera estado en mi mano evitarlo, pero ahora ella y yo dejaremos nuestro hogar.

Aún no lloraré: ni hoy, ni el domingo, ni las próximas cuatro semanas; quiero exprimir este último mes en la calle Libreros, número 28, frente a la famosa rana de la famosa Universidad de Salamanca. Cerraré las puertas definitivamente el 30 de marzo, Sábado Santo. Mi Pascua triste.

Si estás por Salamanca y te apetece, entra en la librería y hazte una foto antes de que el espacio desaparezca. Si quieres ayudar, compra un último libro en La Galatea o difunde este comunicado…

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